Es viernes. San Viernes como dice una de
esas imágenes compartidas que pululan por el facebook. Llevo unos días pensando
en lo harta que estoy de que la crisis sea el telón de nuestras vidas. De
iniciar cada día con la venta de la deuda (endeudándonos más en el proceso),
con las subidas o bajadas de la bolsa y con la prima de riesgo. Llego incluso a
parar en el curro para prestar atención a la puta prima.
Estoy
cansada de que todo gire alrededor de unas cifras. De que nos bombardeen con estadísticas,
cifras del paro, subidas de impuestos y mentiras.
Me pone los pelos de punta pensar en
aquellos que tienen el deber, sí, el deber de protegernos y que no hacen más
que esquilmarnos de las formas más variadas, mientras se niegan a lavar los “trapos
sucios” de su casta, en público, no vaya a ser que en algún otro momento
necesiten que otros les echen una mano para ocultar los propios.
Me enfada que me hagan pagar una deuda que
yo no he contraído. Mal que bien, voy pagando las propias como he hecho
siempre.
Me molesta muchísimo que me digan que “hemos
vivido” por encima de nuestras posibilidades: ¿Quiénes, Señores? Es más:
¿Alguien puede aclararme cuáles eran esas posibilidades? Me repatea que se haya
convertido en un mantra y que la única explicación que me den es la de ese
constructor/obrero con un chalet y un cochazo en la puerta, que ahora llora
porque se lo van a quitar. O que la gente se permitía el lujo de irse de viaje.
O que contraían hipotecas para cuarenta años o que la gente es tan capulla que
quiere un piso propio.
Los pobres no deberíamos levantar la
mirada del suelo. Nada, nada: un pisito de treinta metros cuadrados de
alquiler, los libros de la biblioteca, usar el transporte público aunque casi
es mejor que camines que es muy sano y si queremos ver mundo ya tenemos la
televisión, que por cierto, nos ha bombardeado con programas como: Ricas y
famosas, quien vive en esta casa y alguno más como destinos de lujo. Y claro,
aceptar cualquier condición de trabajo, agradecidos y sumisos. ¿Qué es eso de querer
derechos y dignidad? No, hombre, no. Haz lo que te piden, abre veinticuatro
horas, se consciente de “la situación”, coge tu sobre a fin de mes y sé
agradecido.
No protestes, no salgas a la calle, no
grites tu desesperación, da mala imagen y la prima se pone histérica y se sube
por las paredes, no te unas a los tuyos que la unión hace la fuerza y te prefieren
aislado. No culpes a la clase política, pobres hacen lo que pueden, pilares de
la democracia. No hables mal de los bancos (o mira, sí, hazlo, para lo que te va
a servir) y ni pienses por asomo en los “mercados”. Ese atajo de apostadores
ventajistas que juegan con tu vida.
Y si algún día no puedes más y te
suicidas, pues nada, tampoco es para preocuparse, no saldrás en las noticias.
Vaya, no quería escribir nada de todo
esto. Es viernes después de un par de semanas muy duras. Solo quería decir que
estoy harta de vivir con miedo al futuro que cada vez es más presente, que me
influya hasta en mi manera y mis ganas de escribir y de tener que luchar por
alejar la maldita ansiedad que de vez en cuando siento golpeando mi pecho. Y que
quiero dejarlo atrás. Quiero, quizá, vivir como los pajarillos del Nuevo
Testamento. Alegrarme de cada día que llega y cada día pasado, con fe y
esperanza.
Mis disculpas, feliz viernes.